San Martin

 


A veces solo necesitas un boleto, una mochila y las ganas de salir de la rutina. Así comenzó mi escapada de Semana Santa, saliendo desde Santo Domingo rumbo a la increíble isla de San Martín.

Viajar desde Santo Domingo a San Martín es más fácil de lo que imaginas. Mi viaje comenzó un Jueves Santo volando con Arajet. El vuelo salió puntual a la hora programada y en aproximadamente una hora ya estaba en la isla.

Vuelo corto
Proceso rápido
Ideal para viajes de pocos días

Aunque no me tocó ventana (y no pude ver el famoso aterrizaje), la experiencia fue bastante fluida desde el inicio.

Al llegar al Aeropuerto Internacional Princess Juliana, me encontré con una ligera lluvia… pero como buen destino caribeño, el sol salió casi de inmediato, como diciendo: “tranquilo, que aquí se vino a disfrutar”.

El proceso fue el esperado: una fila en migración, luego otra para escaneo de equipaje, pero nada complicado. En poco tiempo ya estaba oficialmente en la isla.

Simpson Bay: sentirte en casa, incluso fuera del país

Me hospedé en la zona de Simpson Bay, en casa de un amigo, lo que fue un súper plus para ahorrar en alojamiento.

Después de dejar los bultos y cambiarme a algo más cómodo, salí a comer… y ahí vino una sorpresa que no me esperaba: terminé en un lugar lleno de dominicanos. Literal, mi almuerzo se sintió como estar de vuelta en casa. Desde la comida hasta los jugos y cervezas, todo tenía ese sabor familiar 🇩🇴.

Ese momento me confirmó algo: uno nunca deja de encontrar su gente, no importa el destino.

 Primeras paradas: playas y adrenalina

Mi primer vistazo fue a Simpson Bay Beach, una playa tranquila, perfecta para empezar a conectar con la isla.




Pero lo mejor estaba por venir.

Llegué a Maho Beach… y justo en ese momento, como si estuviera todo sincronizado, pasó un avión enorme sobre mi cabeza . De esos momentos que no se planean, pero se quedan contigo. Y sí, lo capturé en video .

Después de esa dosis de adrenalina, seguí explorando:

  • Mullet Bay, con su agua clara y ambiente relajado
  • Baie Rouge, donde la lluvia volvió a aparecer y me obligó a irme antes de tiempo


El gran final: un atardecer de otro nivel

El cierre del día no podía ser mejor.

Llegué a Cupecoy Beach para esperar el atardecer… y lo que vi fue simplemente espectacular.



Colores intensos, cielo dramático, el mar golpeando suave… uno de esos momentos que no se explican bien con palabras. De esos que te hacen detenerte y pensar: “valió la pena todo”.

San Martín no es solo playas bonitas. Es contraste, cultura, momentos inesperados y experiencias que se sienten reales.

En un solo día pasé de la lluvia al sol, de la adrenalina de un avión pasando a metros de mi cabeza, a la tranquilidad de un atardecer perfecto.



Te dejo un video de todo lo vivido en mi primer día. No olvides suscribirte a este blog y a mi canal de YouTube para más aventuras



 

 

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